Analizar un proceso (de servicio, desarrollo de producto, transformación, automatización, ampliación, etc.) significa salir de lo convencional.
Si haces lo de siempre, obtendrás lo de siempre.
Descubrir ineficiencias operativas, mayor adaptación a cliente y mayores beneficios. Y sencillamente con una definición adecuada de producto, analizándolo en su conjunto, a través de los ojos y experiencia del cliente.
Y es que, un examen crítico de cada proceso, nos lleva a una redefinición del concepto de valor, nos lleva a identificar acción por acción, de forma que podemos seguir cada fase del proceso (ya sea producto o servicio), el flujo de datos y flujo de valor de la producción, en forma de: tiempos destinados a cada fase y desperdicios (esperas, retrabajos, errores que provocan despilfarros). Y todo con un objetivo claro: conseguir agilidad y mejoras contundentes en la calidad y costes de ese proceso.
Y es sencillo, con la mejora de procesos conseguimos, entre otros beneficios: